Los herederos. Eugéne Buland. 1887. Museo de Bellas Artes, Burdeos.

Página personal de Avelina García Colmenero. Gracias por acompañarme un rato.
Aquí encontrarás lo que escribo, leo o pienso. No sé si tiene mucho interés para el mundo, pero ya que estás sé bienvenido.
Aquí se está bien.



domingo, 28 de junio de 2009

BERLÍN, 5 DE MAYO DE 1945

¨Sí, la guerra viene arrollando sobre Berlín.

En este día de mayo tenemos un cielo muy oscuro. El frío no quiere ceder. Estoy sentada en el taburete delante de nuestra lumbre alimentada miserablemente con todo tipo de libros nazis. Si toda la gente hace lo mismo -y realmente lo está haciendo así- el Mein Kampf de Adolf acabará siendo otra vez una rareza para bibliófilos¨.

Una mujer en Berlín.

domingo, 14 de junio de 2009

PIEDRA Y SUELO

"Cada vez que una piedra
se rompe, nunca vuelve
a soldarse.
Así desde el principio
de los tiempos ocurre
y todas son heridas que no cierran.

Ya sé por qué a menudo
mientras voy paseando
no levanto los ojos del camino.
No es misantropía.
De este modo las piedra
cada vez más pequeñas
y yo nos consolamos".

domingo, 3 de mayo de 2009

ORACIÓN EN COLUMBIA UNIVERSITY



ORACIÓN EN COLUMBIA UNIVERSITY "
Cuaderno de Nueva York
de José Hierro

Bendito sea Dios, porque inventó el silencio,
y el chirrido de la chicharra,
y el lagarto de fastuoso traje verde,
y la brasa hipnotizadora
(horizontal crepúsculo pudo haberla llamado
don Pedro Calderon de la Barca en el declive del Barroco).
Bendito sea Dios que inventó el agua,
el agua sobre todo.

Bendito sea Dios porque inventó el amanecer
y el balido que lo poblaba.
Ahora vuelvo a escuchar aquella melodía.
El arroyo arpegiaba sobre cantos rodados,
hacía el contrapunto.
Suena el concierto en mi memoria.
O puede que se trate
de una música diferente:
la que escuchó, primero, entre los arrayanes de Granada
Federico García Lorca,
y luego aquí, rescatada,
en Columbia University.

Bendito sea Dios que inventó los prodigios
que contaba mi padre
perfumado de espliego y de tomillo.
Eran historias de ciudades mágicas
en las que el agua circulaba
por venas de metal, agua caliente y fria
(nos lo contaba al borde del regato,
helado en el invierno, seco en estio:
'Venga, a lavarse, coño, guarros'.
Y obedecíamos).


Bendito sea Dios porque inventó la cabra
-la cabra que rifaba por los pueblos-
mucho antes que Pablo Picasso,
con barriga de cesto de mimbre
y tetas como guantes de bronce.
Maldito sea Dios porque inventó el estaño
parpadeante del olivo,
ramas y tronco de Laoconte,
y aquella sombra tragica de catafalco y oro:
un rayo congelado en la mano siniestra
y en la diestra un crepúsculo.
Maldito sea Dios porque inventó a mi padre
colgado de una rama del olivo poco después de recogerse la aceituna.
No puedo perdonárselo.
Pero eso fue mas tarde.

Antes fueron los niños.
Bendito sea Dios que inventó aquellos niños,
vestidos como príncipes o pájaros.
Con voces de cristal, 'Papá', decían a su padre.
Bendito sea Dios por inventar una palabra
milagrosa, jamas oída,
y su padre correspondía
con vaharadas de ternura.

Maldito sea Dios, porque yo quise
arrezagarme en la ternura
pronunciando la mágica palabra
entonces descubierta. '¿Papá?', 'Mariconadas,
si te la vuelvo a oir te llevas una hostia'.
Bendito sea Dios porque inventó los años,
1970, 1980, 1990...,
inventó el fuego, el oro viejo
de los arces de otoño,
y estos ríos profundos como penas,
largos como el olvido o el recuerdo,
hospitalarios, generosos,
por los que la ciudad va navegando
hasta la mar, que es el morir.

¨¨Bendito sea Dios que inventó libros sabios.
Se daba nombre en ellos
a lo que antes no lo tenia.
Bendito sea Dios porque inventó licenciaturas
masters, campus con risas y con marihuana,
laboratorios y celebraciones
con cantos en latín, gaudeamus igitur,
todo situado en niveles distintos del tiempo.
Bendito sea Dios que inventó la memoria
y que inventó el silencio de este lugar aséptico,
y las venas metálicas ocultas
en las que el agua espera
unas manos liberadoras que les devuelvan su canción.
Ahora sé que mi padre está vengado.
Mi padre, descolgado del olivo
pronuncia con mis labios las palabras totémicas,
y se estremece este recinto sagrado.

'Coño, joder, carajo, a lavarse la cara, hostias'.
Y abro los grifos, lavabos, duchas, retretes,
se desbordan las aguas que él soñaba
en la choza de adobe y paja,
cantan la gloria de la recuperación,
y mi padre navega por las aguas,
le provoco, gritándole desconsolado.
'iPapá!'. 'Mariconadas', me contesta.
'iPapá!'. Maricona... glu, glu,
ahogado, recuperado,
navegante por los canales de oro, vivo ya para siempre.

martes, 3 de marzo de 2009

UN MILLÓN DE ROSAS



¨¨En una parada de autobús pregunté a una muchacha qué camino debía tomar para llegar a la estación de ferrocarril. Le acompañaré, se ofreció. A pesar de que nos encontrábamos en pleno centro, nos hundíamos en el barro hasta los tobillos. El cielo aparecía nublado y nos azotaban ráfagas de viento.
Donietsk es el centro de la cuenca minera de Ucrania; en algunos barrios, montones de carbón y de escoria se acumulan directamente sobre las calles. Un polvo negro se posa sobre las paredes de las casas, formando oscuros tizones, chorreones plomizos y repugnantes costras bruñidas en las fachadas de kilométricas series de bloques de pisos.
¿Le gusta Donietsk?, me preguntó la muchacha en un tono inseguro. La gente es muy sensible hacia esta clase de cosas, les descorazona oír en respuesta una opinión desfavorable. Febril y diligentemente, me puse a buscar los lados buenos de la ciudad, pero por lo visto no había sabido conferir sinceridad a mi voz, pues cuando terminé de hablar, me respondió con un tono lleno de determinación, hasta de altivez: No obstante, en verano, en nuestra ciudad florecen las rosas. Un millón de rosas. ¿Puede usted imaginárselo? ¡Un millón de rosas!¨¨

Ryszard Kapuscinski. El Imperio.

SOBRE LA NIEVE


Es una espera inútil, la nieve. Parece que el cielo se fuera a precipitar sobre el vacío inmenso que guardamos dentro del alma, ventanas heladas.
A veces sueño, que camino por la nieve y no consigo avanzar. Entonces me despierto, angustiada. Otra vez Guerra y paz, ese silencio blanco.

LÍMITES DEL MAR